En un intento definitivo por dejar atrás un pasado de ceniza y asentar un futuro brillante, a finales de los sesenta una escena bulliciosa de grupos alemanes se lanzó a buscar las raíces de su propia –e inmensa– tradición musical, su folclore, el que entendían interrumpido desde la llegada de Hitler al poder en 1933. Con la mirada puesta en el rock vanguardista, la psicodelia británica, el folk americano y el minimalismo de compositores europeos como Stockhausen, consiguieron que el rock alemán no solo naciera como etiqueta (“krautrock”), sino que además devolviera, como un bumerán sónico, su influencia sonora al resto de Europa y América.
El documental Krautrock: The Rebirth of Germany (Benjamin Whalley, 2009) describe muy bien en su título las intenciones de la época: se trataba de volver a construir la cultura de Alemania desde cero. Es en ese contexto en el que nace Kraftwerk, hoy considerados una pieza fundamental en la historia de la música electrónica y de otros estilos surgidos de ella, desde el techno matemático y bailable de Chicago al ambient crepuscular playero; del pop electrónico comercial al electro chatarra y el ruidoso industrial. Hasta el germen del mismísimo hip hop: Afrika Bambaataa utilizó material de “Trans Europe Express” (1977) para su track “Planet Rock” y popularizó el sampleo.
Según Hütter, una de las influencias del grupo eran los Beach Boys. En su opinión, si la banda de Brian Wilson había sido capaz de capturar el sonido de California, con sus paisajes soleados y los surfistas rubios en traje de baño, Kraftwerk debía capturar el sonido de la Alemania de su época: frío, gris, introvertido, con abrigo y corbata.
Habituales en los circuitos universitarios y galerías de arte de Düsseldorf, los dos cerebros fundadores de Kraftwerk, Florian Schneider y Ralf Hütter, se conocieron en el conservatorio y después de alejarse de la escena krautrock, se lanzaron a buscar la banda sonora que mejor reflejara la segunda mitad del siglo XX (y parte del XXI). Allí donde convivían la paranoia por la Guerra Fría, el ruido mecánico de trenes y motores, un paisaje artificial hecho de estaciones eléctricas y ondas de radio, los computadores como herramientas de trabajo y los robots como metáfora del mecanizado hombre moderno.
Con los oídos en el futuro indagaron en la comunión entre el hombre y la máquina, y replantearon la forma de las presentaciones en vivo, apoyada en increíbles visuales sincronizadas con la música, lo que se convirtió en un sello propio. Para Kraftwerk el futuro siempre es hoy. “Nosotros empezamos en el mundo del arte, a finales de los 60. Nuestros primeros conciertos fueron en galerías de Düsseldorf. En esa época, las salas de conciertos de Alemania estaba ocupadas por los grandes grupos de rock, así que tuvimos que empezar en el sector más underground del arte. Y hay que tener en cuenta que Kraftwerk no es solo música o sonido, sino también el aspecto visual. Nosotros lo llamamos “pinturas musicales”, y por eso llevamos visuales en 3D en nuestros conciertos”, declaró Ralf Hütter en una entrevista en 2016 con motivo de la presentación en el Museo Guggenheim de Bilbao (España) en la que repasaron todos sus discos.
Foto por Franck/Kraftwerk;CIRCA 1973: (D-I Florian Schneider y Ralph Hutter) 1973.
En esos primeros años se lanzaron a experimentar con instrumentos poco utilizados por entonces como el vocoder, los sintetizadores, secuenciadores y cajas de ritmos que reunieron en Kling Klang, su propio estudio, el que fue creciendo y dando elaboradas muestras de la tecnología sonora de estos últimos cuarenta años. Laboratorio que ha sido un protagonista más del sonido de la banda: allí se guardaron toneladas de material gráfico y sonoro, que fue recuperado en The Catalogue (EMI): ocho discos fundamentales, tal y como se concibieron, con artwork, títulos y conceptos originales, y con un sonido limpio y remasterizado.
LOS ANGELES, CA – ABRIL 26: presentación de Kraftwerk en el año 2008 en Coachella Valley Music and Arts Festival en Indio, California. (Foto por Tiffany Rose/WireImage)
TRENES, AUTOPISTAS SONORAS Y ALGÚN NÚMERO UNO: Ocho discos esenciales.
Por: Felipe Reyes F.